Haz las tareas cotidianas con tu hijo, un tiempo para compartir.
Cuando llegue de la compra con el carro lleno para toda la semana, Irene ya había desayunado y corría por la casa buscando diversión. Se acerco a mí en varias ocasiones reclamando mi atención. Hice varios paseos al salón con ella. Quería ensenarla sus muñecos para que jugara con ellos, y así yo poder sacar la compra, organizar, colocar, empaquetar y distribuir.
Una vez en el salón Irene pensó que lo mejor era enseñar a mama sus juguetes, con lo cual iba del salón a la cocina llevándolos uno a uno. Al final la cocina estaba llena de juguetes y yo prácticamente no había comenzado a sacar nada del carro de la compra. Mire el reloj con la angustia de siempre: ¡¡¡se me echaba el tiempo encima y no había hecho nada!!!..- pensé acelerada como siempre
Ese es el momento de pararse, respirar y contar hasta cinco (hoy en día no hay tiempo de llegar a diez, hay que sobrevivir contando hasta cinco)
Irene quiere jugar, absolutamente normal, sus 20 meses son para eso, para jugar, al mismo tiempo yo tengo que hacer algunas cosas de la casa vitales.
Solución:
Guarde el pescado en la nevera (después tendría tiempo de limpiarlo, empaquetar…).Ahora me liare con la fruta que tenia dentro del carro de la compra. Decidí hacer de esto, un juego para Irene. Ante todo paciencia y sin prisa, sin prisa, cuando hacemos cosas con niños la prisa debe estar descartada, la prisa nos genera tensión y nerviosismo, y al tiempo que esto aumenta disminuye en la misma proporción la paciencia y nuestra capacidad de enseñar, mostrar y jugar.,
Abrí el carro y lo puse al alcance de Irene, lo abrí consiguiendo atraer su atención con las típicas llamadas: ¡¡¡¡a ver!!!! Anda mira Irene que hay aquí!!! ¡¡ Mira, mira manzanas!!!. Una vez atraída su atención, fuimos sacando una a una todas las piezas de fruta del carro, las llamábamos por su nombre y las contábamos, luego mientras yo colocaba parte en el frutero ella colocaba el resto en la carro de servicio para la fruta, en cada cesto le enseña las que iban y ella fue colocando correctamente, las naranjas en la cesta de las naranjas, las manzanas y kiwis en las primera cesta, tomates, cebollas en la tercera.
A Irene la encanta la fruta (fruto por cierto del duro esfuerzo que detallare en otro artículo), así que entre medias aproveche para darla unas cerezas en vez de la chuche que me había pedido.
La verdad que la experiencia fue gratificante. Sé que tarde más tiempo de la cuenta, pero ¡¡estábamos haciendo algo juntas!! Estaba enseñándola muchas cosas al mismo tiempo: el nombre de las frutas, a contar, a colocar. La enseñaba, pero para ella era un divertido juego.
